La aventura de vivir la Feria de Flores desde sus raíces

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Año a año cientos de turistas y paisas convergen religiosamente en el corazón de Medellín para apreciar cada una de las silletas que los agricultores antioqueños sacan a desfilar.

Cada agosto los silleteros escogen sus mejores pétalos y con sacrificio y trasnochos crean silletas espectaculares. Ellos compiten por ganar cada una de las cinco categorías disponibles en la Feria de Flores (tradicional, monumental, emblemática, artística, comercial).

Salen desde sus fincas, en Santa Elena, y emprenden su viaje hacia el Valle de Aburrá. De hecho, los campesinos de Santa Elena que se dedican a las silletas fueron declarados en 2015 como Patrimonio Inmaterial de la Nación.

Daniela Londoño es una de las guías silleteras de la Casa del Silletero, en Santa Elena. Foto: Jorge Porras.

La Feria de las Flores ya es una tradición en Antioquia y aunque su desfile anual es el más mediático y artístico, hay experiencias para, literalmente, vivir sus raíces.

El oficio de silletero suele brincar de generación en generación entre las familias y uno de los apellidos que más tradición y galardones tiene es el Londoño, de Santa Elena.

La Finca de la Familia Londoño Londoño se encuentra en la vereda Barro Blanco y según Diego -quien en la generación actual es ‘el papá’- la experiencia en la propiedad es muy bonita. (Ver video)

«Todos los integrantes de la familia tratamos de conversar mucho con las personas que llegan, les contamos por qué la historia de los silleteros, cómo surge el tema de la cultura silletera, les contamos anécdotas, hacemos un recorrido por el jardín», explica.

«Siempre quisimos venir», dice Doris Ruíz, quien en agosto decidió recorrer Antioquia con su familia. «Siempre quise venir a una Feria de Flores y a descubrir cómo es la cultura de esta región y su cultivo de flores. Es gente muy amable, me voy muy cargada de fotos para mostrar de lo que vi y viví. (…) Quiero invitar a Colombia entera para que venga a disfrutar aquí, en Antioquia», expresó la bogotana.

Daniela Londoño, hija de Diego, contó que la cultura silletera nació gracias a los indígenas tahamíes que tenían cargadores de fique y los amarraban a canastos y con ello recolectaban la sal y el oro entre la montaña.

Cuando los españoles llegaron, en la época de la conquista, modificaron los cargadores agregándoles las ‘sillas coloniales’ que funcionaron para transportar ibéricos o pudientes.

Después, el uso de las silletas evolucionó y empezó a ser el medio de transporte de los habitantes de Santa Elena, en el oriente antioqueño, para enfermos o mujeres en embarazo.

Según Daniela, quien también funge como guía dentro de la finca de los Londoño, con el paso del tiempo, los campesinos entre 1918 y 1920 cambiaron el oficio de recolección de frutos del bosque por cultivar flores en sus tierras.

Al cultivar flores los campesinos usaron las silletas para sacar las flores y hortalizas hacia Medellín.

Escucha la narración de la historia de las silletas:

Voz: Daniela Londoño/Edición: Esteban Mora

«La Casa del Silletero de la familia Londoño Londoño, de la vereda Barro Blanco, ofrece charlas silleteras que buscan generar experiencias significativas para los turistas. Damos un recorrido por el jardín tradicional de las abuelas donde se explica el tipo de plantas que cultivaban, se da una charla que explica el origen, evolución de nuestra cultura ancestral, se arma una silleta tradicional y contamos el detrás de escena de lo que es un desfile de silleteros, todo eso que ocurre y que el público no alcanza a ver», aduce Daniela.

Sugerimos: Alma del bosque: la experiencia alternativa de Feria de Flores

El contacto para hacer las reservas de las visitas es el de Diego Londoño y puedes escribirle o llamarlo al (+57) 300 4219-801

«La tarifa es: de 1 a 10 de 130.000 pesos; si son más de 10 personas, cada persona adicional tiene un valor de 13.000 pesos. O sea, 130.000 hasta 10 personas, una onceava persona 143.000. Se ofrece alimentación en las charlas silleteras previamente acordada, tenemos el servicio de desayuno o merienda (arepa, quesito, chorizo y chocolate) por 10.000 pesos y almuerzo que suele ser típico o sancocho de gallina por 17.000 pesos», explicó Daniela.

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