Turbo: un refugio de sabor y la moda de cultura

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«Tengo mucho por contar de dónde vengo llego yo, la tierra que me enseñó a reír, confiar, disfrutar y gozar…», se escucha con ritmo al fondo mientras el taxista de camisa colorida va a toda marcha entrando con dirección hacia la Plaza del Pescador, en Turbo, en el Urabá Antioqueño.

«¡Turbo está de fiesta!», dijo un lugareño que entraba a la plaza con un fresco de limón y panela en la mano derecha de uñas manchadas, quizá por trabajar con el banano. Pero eso es irrelevante.

Lo que sí importa -y mucho- es que el distrito estaba de fiesta. Esa música, ese hombre y esa plaza solo transmitían una cosa: felicidad.

Durante la última semana de agosto, el distrito de Turbo celebró por cada uno de sus rincones el aniversario 181. Conciertos, chivas rumberas, actividades patronales, entre otras; fueron el preámbulo de aquel festejo.

La fiesta del sábado 28, fue la cereza en el pastel. La lírica sonaba a dos cuadras del epicentro de la algarabía, empezó con una feria de emprendedores jóvenes, en su mayoría mujeres jefes de hogar.

Cremas, cosméticos, textiles, bisutería, juguetes,  artesanías, cucas, helados ácidos, arroz con camarones, adornos, son tan solo algunos de los productos locales que se exhibieron durante la ceremonia que reunió a las autoridades, locales y turistas.

Más allá de la fiesta hubo dos cosas que hicieron sumamente especial el viaje por Turbo: su sabor y cultura.

Cientos de sabores exquisitos de un solo lugar:

Sobre la vía que conecta Necoclí con Turbo está Simona del Mar. Un proyecto ecoturístico que nació como una ‘quijotada’, pero que evolucionó como fénix.

A las puertas de sus 20 años de operación continua, una de sus dueñas, Beatriz Duque, comenta que cuando arrancaron les tacharon de ‘locos’, porque lo hicieron con la misión de reforestar un potrero y convertirlo en manglares para que los huéspedes se involucraran de lleno con el entorno. Es decir: empezar de cero; pero, precisamente, ese involucramiento con la región se da desde los recorridos por los senderos para llegar a las habitaciones empotradas en los manglares donde disfrutas del avistamiento de aves, osos perezosos, cangrejos azules, atardeceres particularmente parsimoniosos y cada uno de los platillos que ofrece la carta. Es así como Simona te involucra con la región, de lleno, sin aviso y con mucha hospitalidad.

«Aquí todo lo que podemos producir, lo producimos; y todo lo que debemos comprar lo compramos en los alrededores. El pescado siempre entra fresco y es traído por señores de la comunidad, los camarones, las carnes. Todo, absolutamente todo, es local. Hasta los muchachos que nos ayudan aquí son personas de aquí», dice entre risas Duque.

La carta de Simona del Mar es de calibre gourmet. Salsas de maracuyá, plátanos fínamente cortados, ceviche en salsa de tomate exquisito, el Rey del Mar (pescado apanado, relleno de queso parmesano y camarones que se acompañan de salsa de maracuyá, arroz con coco y patacones), coctel de camarones, caldo de pescado, son tan solo algunas de las opciones que enamoran al visitante a través del paladar.

El primer contacto con Turbo, durante este viaje, fue primero con la gastronomía y eso funcionó como puente para disfrutar su cultura.

Gente alegre, música alta y espíritu regenerador:

Hay tres cosas que caracterizan a los urabenses: son personas alegres, les encanta la música a un volumen descomunal que pone a bailar hasta el alma y tienen un espíritu regenerador.

Las carcajadas, los bailes, ese sabor de sus pasos al andar, al reír, los gestos… le vuelve gente realmente especial.

Las discotecas y bares suelen ser establecimientos comprometidos con el cliente y van con servicios hasta el amanecer.

Otra alternativa interesante son las chivas rumberas, autobuses modificados que funcionan como discoteca y van recorriendo la ciudad con un ambiente espectacular, lleno de luces que contrastan con la oscuridad de la vida nocturna turbeña.

Pero algo muy muy interesante que está transmitiendo la cultura de la región, son los jóvenes diseñadores de moda que están encontrando en los textiles una manera innovadora, creativa y muy muy muy hermosa de rescatar las raíces de la comunidad.

Un ejemplo de ello es la marca Visaje de Negro, un proyecto hecho por jóvenes para jóvenes.

«Somos una herramienta etnoeducativa digital que busca difundir las tradiciones de la comunidad negra y promover el autorreconocimiento étnico en los jóvenes», dice la página oficial de Visaje de Negro en Facebook.

El proyecto ha tenido gran acogida y su trabajo de comunicación y diseño es una herramienta que busca igualdad de condiciones.

“Estamos los jóvenes que hacemos la diferencia, que le hemos apostado al tema de la educación, del emprendimiento, del arte. Hay problemáticas juveniles, pero también hay una camada grande de jóvenes que le apuestan a una forma distinta de vivir y narrar el territorio”, manifestó Enrique Mena, del colectivo Visaje de Negro, al Diario El Tiempo.

Turbo es mágico y su mayor esencia se vive a través de la cultura, aventura y gastronomía.

Recomendaciones:

Para llegar a Turbo desde Medellín hay dos opciones: aire o tierra. El vuelo tarda menos de una hora y llega a Apartadó, un municipio contiguo a una hora. Los vuelos, usualmente, suelen estar en un rango de precios entre los: $230.000 y $512.000 pesos colombianos.

Por tierra, la aventura es distinta y puede -literalmente- ser la aventura de tu vida.

Entre Medellín y Turbo hay de 11 a 14 horas por una carretera en construcción -que tiene la misión de unir ambos lugares en unas 4 horas- y con muchos ‘Pare y Siga’, por lo que lo ideal es llevar alimentos, bebidas y paciencia. Además, de mucha disposición por conocer pueblos mágicos.

Al salir de Medellín por el Túnel de Occidente, en el camino pasará por municipios como Santa Fe de Antioquia, Giraldo, Cañas Gordas, Uramita, Dabeiba, Mutatá, Chigorodó y finalmente el distrito de Turbo.

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